Todos somos sospechosos

 

Ofrenda en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, tras el incendio que provocó a decenas de niñas muertas. (Foto: Wilder López)

Eran las niñas de nadie, pero la muerte le dolió a todos. Estaban ahí, porque la sociedad cierra sus ojos para atender a esos niños sin padres, sin escuela y sin hogar. Nadie les ofreció ayuda, nadie las defendió cuando sus padres las golpeaban. Nadie les ofreció educación para que no se formaran en la calle. Y los jueces simplemente se lavaron las manos y las enviaron al Hogar Seguro Virgen de la Asunción, donde murieron en un incendio, cuando protestaban contra las violaciones sexuales y otras condiciones que sufrían en ese centro.

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La vida no vale nada

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Por casualidad, me senté en una banca mientras cargaba a mi bebé, cuando tuve que recoger mis piernas para que pasara el cortejo fúnebre. Sí, estaba en Capillas Señoriales de la Avenida Reforma, mientras saludábamos a unos amigos que estaban velando a su abuelita.

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Apología del subordinado

Businessman shouting at another businessman

Ser jefe es lo peor que te puede pasar. Al principio, cuando finalmente te ascienden, pensás que finalmente lo habías logrado, y que, ahora sí, todo iba a mejorar, no solo para tu economía familiar, sino que para el trabajo mismo, porque seguramente ya estabas harto de tu jefe anterior, quien hizo bien en irse o morirse, o saber qué le pasó, porque ya nadie lo aguantaba, especialmente vos.

En alguno momento, jamás pensaste que asumirías, porque al jefe anterior parecía pegado con chicle en el poder, y creías que difícilmente lo despedirían, ya sea porque era el dueño de la empresa (o el hijo), o bien era alguien de confianza del dueño, así que no creo que lo hayan despedido.

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“Je suis Charlie”, o el mono que sí quiso ser escritor satírico

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Augusto Monterroso nos enseñó, o al menos a mí, que la sátira no es para cualquiera. En su fábula “El Mono que quería ser escritor satírico”, el protagonista desiste de escribir sátiras por temor a herir y ofender a sus criticados (en especial a uno). Y eso que aparentemente era muy bueno para observar las mezquindades y los vicios sociales de sus alrededores, y tuvo que conformarse con el silencio, el misticismo y morir en el silencio.

En eso pensé este miércoles, un día después en que el catolicismo celebró la “universalidad” de su religión (los Reyes Magos, pues, ya que supuestamente provenían de diferentes regiones del mundo antiguo). Un ataque de extremistas religiosos asesinó a doce personas, dirigido en contra del semanario Charlie Hebdo, un semanario satírico que criticaba todo a su paso, incluido el extremismo religioso, no solo de los fanáticos islamistas, sino de los católicos y judíos también. Además, se burlaba de los vicios de los gobernantes de Francia y la Unión Europea, entre otros temas.

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