Todos somos sospechosos

 

Ofrenda en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, tras el incendio que provocó a decenas de niñas muertas. (Foto: Wilder López)

Eran las niñas de nadie, pero la muerte le dolió a todos. Estaban ahí, porque la sociedad cierra sus ojos para atender a esos niños sin padres, sin escuela y sin hogar. Nadie les ofreció ayuda, nadie las defendió cuando sus padres las golpeaban. Nadie les ofreció educación para que no se formaran en la calle. Y los jueces simplemente se lavaron las manos y las enviaron al Hogar Seguro Virgen de la Asunción, donde murieron en un incendio, cuando protestaban contra las violaciones sexuales y otras condiciones que sufrían en ese centro.

Maycol David murió en la calle. El médico no lo quiso atender. La madre no lo quiso llevar al doctor. El papá fue por cigarros eternamente. La abuela no tenía para el pasaje, nadie le pudo prestar.

Alexander era el abanderado en su escuela. Luchó tanto para entrar en ese colegio, que sus padres jamás podrían haber pagado, si no fuese por sus buenas notas. No sabía nadar y sin duda le fascinaba la idea de aprender. Pero ya no pudo. El maestro no se dio cuenta. Sus compañeros tampoco. Los trabajadores no actuaron a tiempo. Y se ahogó.

Habían comprado su casa en ese proyecto habitacional que promocionaron en El Cambray. Pero el empresario no advirtió el peligro antes de venderles. Ni la Municipidad ni las autoridades. Ni los propios vecinos quisieron ver hacia arriba y finalmente la montaña les vino encima.

Otro busazo y más muertos. No importa en que carretera estés, pudo ser ahí donde estás. El piloto arriesga su propia vida y apuesta con las de sus pasajeros. Las autoridades no verificar. Los empresarios no contratan personas idóneas. Y así, las muertes se cuentan, cada vez, por decenas.

El niño nació muerto. Su madre, una indigente con delirios mentales, lo dio a luz y luego lo asfixió con las piernas. Quién engendró a ese niño? Quién se preocupó por la salud de esa mujer? Seguramente la viste pasar por la calle y no te importó.

Quién se hace responsable? Nadie y mientras , lavamos nuestras consciencias opinando, echando la culpa al otro, lavándonos las manos, y a esperar la siguiente tragedia, para repetir el ciclo de insensibilidad.

Mientras la muerte nos sorprenda cuando no nos debe sorprender…
Mientras el dolor empañe nuestros días…
Mientras no hagamos nada para evitarlo…
Mientras no nos responsabilicemos…
Mientras siga habiendo otro Maycol, otro Alexander, otro Cambray, otras niñas en el Hogar Seguro…
… todos somos sospechosos.

 

* Publicado originalmente el 30 de marzo de 2016 y reeditado el 9 de marzo de 2017.

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