A veces temo que soy invisible

IMG_20160406_224520~2A veces creo que me estoy volviendo invisible.

En la calle, en el trabajo, en la universidad, en la iglesia, en el equipo de futbol, en todos lados, parece que paso inadvertido, como que no existo, sin aroma ni aliento.

Cuando intento destacar en un grupo, me siento como que no importo, como ai me pudiera ir de ahí sin que a alguie. Le importase.

Me estoy volviendo invisible. Lo sé cuando hablo en grupo y trato de decir algo, una broma, un chiste, pero por más que grite, nadie me escucha. Y más de alguna vez, alguien me dice: “Hace cuánto no te miro!” Y yo le digo: “Pero si recién estuvimos ayer en la misma reunión”, y luego me dice que sí, es cierto, que no me vio, pero que seguro ahí estaba yo.

En el colegio o la universidad, levantaba la mano para dar la respuesta, pero el profesor parecía no verme, ni porque me parara. Y gritaba la respuesta, pero no me oía, pero el niño de la par sí, levantaba la mano y el profesor lo miraba de inmediato, le cedía la palabra y luego era felicitado por su inteligencia.

Me pasa lo mismo en el banco haciendo cola. El policía no me ve y no me pasa para que pueda pagar. O en un restaurante, cuando el mesero no me ve para darme mesa y luego le termina dándole antes a alguien que llegó después. “Usted iba primero?”, pregunta cuando se aleja con la otra persona. “Lo siento, ahora lo ubico”, y pasa media hora y nada. Cuando al fin logro sentarme, tengo que gritar, pararme, moverme, etc., para pedir el menú, ordenar, pedir un vaso de agua y la cuenta.

Esta invisibilidad me está matando.

Y no digamos en el trabajo, cuando mis ideas no cuentan y alguien más propone lo mismo y ante su genialidad (y visibilidad), gana puntos para un ascenso.

Y a veces quisiera aprovecharme de esa invisibilidad, como cuando no estudiaba y no sabía la lección, y el profesor, reconociendo la ignorancia en mis rostro, me señalaba y me pasaba al frente para hacer el ridículo.

O cuando me topo con un conocido desagradable en la calle, que quisiera volverme invisible para no saludar. Pero eso no ocurre y aunque me cruce la calle a la otra banqueta, el otro me ve, y cruza también, para darme un abrazo y ofrecerme  incluirme en un negocio piramidal, del que insiste en que me meta.

A veces estoy seguro de que soy invisible y me siento solo y me entristece que nadie vea mi sonrisa y reconozca en mí que soy una buena persona.

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