Si la ves…

Bitia

No me preguntes por qué, pero algún tiempo hacía labor social. Éramos un grupo, que visitábamos cada quince días a jóvenes en riesgo que vivían en una casa para alejarse del ambiente que les hacía mal.

A veces recaían y volvían a la delincuencia y a las drogas, y nuestra intención era, simplemente, visitarlos para darles ánimos, platicar y estar ahí.

Pero ese refugio lo cerraron, así que decidimos buscar otro. Encontramos uno, pero era de mujeres. Adolescentes. Muchas de ellas huyendo de las drogas, la prostitución y otras cosas feas que usualmente vivían en sus hogares.

A la distancia, no recuerdo mucho. Había una joven hondureña, que no sé por qué razón terminó en Guatemala, quizá había sido traída bajo engaños y ser explotada sexualmente. También había una sordomuda, que era como la dulzura de esa casa hogar, ya que todas se esforzaban porque estuviera bien, y hasta habían aprendido lenguaje de señas. Creo que yo también hice el esfuerzo por aprender.

Había otras dos que creo que se enamoraron de nosotros, pero quisimos mantener la distancia. No íbamos para eso, obviamente, sino para acompañar y limpiar un poco nuestra sucia consciencia de personas socialmente medio acomodadas.

Pero sobre todo recuerdo a una en especial: Bitia. Cuando hablaba con ella, me daba pena indagar sobre su historia. Supongo que era similar a la historia de las demás: prostitución, drogadicción, maltratos, violencia familiar, no sé. Tantas cosas feas que le pudieron haber pasado, que preferí no abrirle la herida.

Por alguna razón, fue con Bitia con quien más me identifiqué. Hubiera dicho que me sentía atraído a ella, que, incluso, me sentía enamorado, pero para ser sincero, ese sentimiento (no estoy seguro) no lo he experimentado.

Mi preferencia hacia ella fue notoria. Las otras jóvenes se sintieron celosas y en medio de ese ambiente que, aunque amigable, era muy violento; no era tan fácil que las jóvenes olvidaran su historia triste. Entonces le empezaron a hacer la vida imposible a Bitia.

Su recuerdo es ahora borroso para mí. De baja estatura, como de 1.60, su cabello era largo, liso y castaño, piel blanca, ojos medio claros. Y no se por qué me recuerdo de ella con su pantalón a cuadros. En realidad, me hubiera parecido linda, si es que mi corazón hubiera estado en modo de enamoramiento. Pero no; como repito, siempre quise mantener la distancia.

Su plática, su apariencia y conocerla poco a poco, e intuir lo frágil que era, me hacía que pensara en ella durante toda la semana, en los días en que no la veía. En mis tareas de la universidad, recuerdo que escribía su nombre en los espacios que tenía pendiente y que después borraba cuando llegaba a la versión final de los largos proyectos de programación de Ingeniería en Sistemas.

 

PROGRAM Saludo;

BEGIN

Write (Bienvenido al programa de gestión de ventanas’) (* Mensaje de bienvenida. Me falta crear el entorno gráfico. Bitia, me gustas mucho. *)

END.

 

Era un comentario usual cuando programaba en Pascal, y lo mismo para C++. Casi siempre lo borraba al final. Pero no me preocupaba mucho, porque de todos modos esos comentarios nadie los podía leer, salvo yo.

Sin darme cuenta, e incluso, sin querer reconocerlo, me había enamorado de ella.

Pero nunca se lo dije. No era ético. Le hubiera hecho más daño a su ya frágil espíritu que no podría soportar otra decepción de la vida.

***

Un sábado, día en que llegábamos, la encargada nos dijo que la casa hogar iba a cerrar. Los vecinos estaban planeando cerrar esa colonia con una única garita de acceso, y muchos se habían quejado de esa vivienda albergaba a muchachas de “dudosa procedencia”. De hecho, nos dijo que esa tarde ya ni siquiera estaban todas. Que ya se habían ido. Algunas buscaron otra casa hogar; otras regresaron a su casa, y unas cuantas empezaron a probar a vivir en forma independiente. Pero que no sabía bien a dónde se había ido cada una.

Ya no volví a ver a Bitia. Nunca hubiera sido capaz de intentar algún acercamiento más íntimo con ella. Y mucho menos decirle algo que le hiciera vibrar su corazón.

Unos 13 o 14 años después, me recuerdo de ella. Si las conoces y la ves, dile (que digo yo) que es linda, que se merece muchas cosas bellas en la vida y que, quizá, la amé.

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