Diez novelas con diferentes visiones sobre la maternidad

Muchas veces consideramos que la maternidad conlleva ciertos valores, como la abnegación, el amor, la paciencia, etc. Sin embargo, desde la visión de la maternidad, las mujeres podrían tener múltiples opciones.

En los últimos años, ha habido una tendencia de literatura que intenta dar visiones diferentes sobre la maternidad, incluyendo, claro está, la mujer que se niega a aceptar solo porque sí ese rol, o bien otro tipo de visiones.

En este listado, intentaré ofrecer diez novelas que he leído sobre la maternidad, y las iré descubriendo poco a poco, a tal suerte de que de último develaré cuál es la que más me gustó.

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De Bruno sí se habla, pero de Pedro Madrigal no

Encanto es la más reciente película animada de Disney, para la cual se realizó un estudio de mercado para entender lo que la gente quería ver de Colombia y ofrecerlo así en una versión descafeinada.

En ciertas partes, recuerda a Cien años de soledad por la alusión a una familia fundadora de un pueblo con propiedades legendarias, donde Alma Madrigal, madre de trillizos, es la matriarca de la familia, al estilo de Úrsula Iguarán de la novela de García Márquez.

Por cierto, ¿no debería conocerse a Alma por su apellido de soltera? Sin duda es un agujero de guion del cual Disney debió optar para simpleza de la historia, pero que no deja de ser un detalle que rompe el coco, tal y como no se explica cómo Mirabel pudo volver a la casa tras la visita del peligroso cuarto de su tío Bruno, ya que recordarán que pudo sortear un abismo en la ida, pero de regreso no pudo haber usado la misma vía, ya que se estaba desmoronando.

Otro detalle que recuerda a Cien años de soledad es la presencia de un secreto de familia, del cual no se quiere hablar. En la obra literaria, el tema tabú era la atracción de los Buendía al incesto, y que pese a las múltiples posibilidades de estos encuentros primo-prima o tía-sobrino, no se concretan por el temor a la leyenda, o más bien maldición, de una criatura con cola de puerco, y que finalmente ocurre, iniciando el fin de la familia.

La instalación de un pueblo, una familia central Madrigal-Buendía y que son vitales para el pueblo, los tabús y el pensamiento mágico, evidencian que los guionistas de Encanto debieron pasar por García Márquez y tomar algunos elementos para satisfacción de los espectadores. Vamos, que lo mismo hicieron con el pobre Pinocho, cuya obra original de Carlo Collodi no encuentra satisfacción del todo en su película.

El secreto familiar de los Madrigal se centraba en la figura de Bruno, una especie de Melquíades que podía visualizar el futuro y que profetizó la ruina de la familia. Es decir, Bruno profetizó la destrucción de la casa mágica de los Madrigal, mientras que Melquíades profetizó el exterminio de los Buendía. Luego vemos que Bruno no era el personaje malvado que todos creíamos al principio, sino que alguien a quien todos temían porque decía la verdad. La mayoría estaban molestos porque les aseguraba que terminarían calvos, panzones o que llovería el día de su boda.

No se habla de Bruno es, además, la canción más pegajosa de la película, en la cual se explica el tabú para no recordar al tío. El tema, con ciertos aires a Havana de Camila Cabello, se ha convertido en un éxito de Spotify.

Tras solventar la confusión de que Bruno era bueno, y que nunca se fue, que se quedó en la casa escondido en los rincones, y que todos comprendieron que no era maldad decir qué pasará en el futuro, si es que esto se convierte en verdad, todo termina más o menos bien, con la familia Madrigal unida, los pobladores que se habían aprovechado de la magia de la casa también colaborando, y Mirabel tomando su puesto en la familia, ya que se sentía ajena al no tener un don mágico.

Pero de quien no se habla en realidad es de Pedro Madrigal, el esposo de Alma, padre de los trillizos y fundador de la familia. Quien hereda su apellido y la vela que posee las propiedades mágicas. La película alude a que murió cuando los trillizos eran bebés, mientras emigraban porque “un grupo” incendió el pueblo. Este grupo a caballo persiguió a los desplazados, con el propósito de asesinarlos. Pero Ernesto los enfrentó en el río. Lo asesinaron, pero él de alguna forma “explotó”, matando también a sus atacantes, y luego se convirtió en magia para la vela y se tomó forma de roca para esconder el camino que iniciaba desde el río.

Pero más de eso, no se habla de Ernesto.

Las interpretaciones podrían venir según ciertas posturas ideológicas. Si hablamos de Colombia, bien podrían ser las FARC y/o el narcotráfico, con lo cual no quedaría mal con el statu quo colombiano, ya que su postura hegemónica se centra en el combate a estos dos grupos. El espectador de Estados Unidos y de Europa tampoco tomaría a mal esta interpretación de los agresores.

Sin embargo, la película deja abierto este punto y ser podrían buscar interpretaciones. Si volvemos a las analogías de Cien años de soledad, más podríamos recordar a Macondo convertido en hojarasca seca y quemada, luego de que la United Fruit dejara el lugar, o bien la misma masacre bananera de 1928, que es un leit motiv de García Márquez, y que describió en su novela, y a la cual sobrevivió José Arcadio Segundo, pero solo para darse cuenta que de eso no hablaba nadie.

En esta interpretación, la realidad de la película podría adaptarse no solo a Colombia sino a toda Latinoamérica, ya que problemas de masacres estatales propiciadas por la visión imperialista y anticomunista, podemos encontrar en todos lados. Incluso en el pacífico asiático o en África.

En otra interpretación, se habla de la guerra entre liberales y conservadores, que lo acerca más a Cien años de soledad de lo que se cree.

No es la primera vez que en Disney se asoma la temática imperialista. Si no, bastaría con Para leer al Pato Donald, la obra de Ariel Dorfman y Armand Mattelart en la cual demuestra que los cómics de Disney eran una especie de panfleto anticomunista y proimperialista en Chile, y que favorecieron al golpe de Estado sufrido por Salvador Allende a manos de Augusto Pinochet.

Quizá esté de más decir que la mejor base teórica que podemos tomar para este análisis viene de la psicología alternativa, y se refiere a las Constelaciones Familiares, que supone que los problemas psicológicos provienen más bien de lo que no se dice, de los secretos familiares, de problemas no resueltos por familiares antecesores, y que nos afectan.

En el caso de Cien años de soledad, esa repetición de Aurelianos y Joséarcadios, y en menor medida a las Úrsulas y Amarantas, termina por afectar a quienes se llaman igual, y mucho peor cuando hay confusión de nombres, como los gemelos Aureliano Segundo y José Arcadio Segundo, en cuyo caso, el verdadero Aureliano sería quien estuvo realmente en la masacre bananera, mientras que José Arcadio era quien organizaba las rifas y las fiestas en Macondo, pero una confusión al nacer alteró los nombres.

En Encanto, el no hablar de Bruno provocaba problemas, pero aún más el no hablar de Ernesto, ya que la familia había perdido sus raíces, y ello degeneraba en los problemas de Alma, al creer que perdía el control del futuro de la familia, Mirabel, que se sentía desplazada por no encontrar su lugar en la familia, Dolores que no encontraba el amor, e Isabel y Luisa, cuyo destino les afectaba terriblemente porque les exigía perfección sin descanso, y que se solucionó cuando el tema tabú de no hablar de Bruno-Ernesto se resolvió, la familia volvió a estar bien.

Los demonios sexuales en Mulata de Tal de Miguel Ángel Asturias

Xibalbá

El borracho bípedo –rió de su explicación el travieso Sisimite, se ventosea con pedos redondos y el que se vuelve cuadrúpedo para no caerse, con pedos cuadrados que mal se acomodan a su expulsión, pues no es la forma. Pero la forma no hace al caso, sino lo pestífero, ¿verdad, don Cadejo?, y en lo pestífero conocen las Siguanas, la Siguamonte y la Siguanaba, sí el bípedo o cuadrúpedo, se ha emborrachado con chicha o aguardiente.

Y por otra parte, además de tomarle el aliento anal al borracho (…)

Asturias, 1983 130-131

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¡Lotería!

Pasé mi infancia en los alrededores del Cerrito del Carmen y por eso la época entre la segunda quincena de julio y la primera de agosto era de las más alegres, por la presencia de las ferias. La primera en el mismo cerro, por la festividad de la Virgen carmelita, y la segunda por la Virgen de la Asunción, del otro lado de la Calle Martí.

Al principio, iba con mi papá a la feria, para subirme a los carritos chocones o para disparar al tiro al blanco, en donde una calavera bailaba al son de Bronco, Juan Gabriel o la Sonora Dinamita. Años después, me di cuenta de que acertarle a esas estrellas oxidadas no era tan difícil como parecía a mis nueve años, pero en aquel entonces me sentía orgullo por atinarle y ganarme un llavero de quetzal o una figurita de plástico.

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Todos somos sospechosos

 

Ofrenda en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, tras el incendio que provocó a decenas de niñas muertas. (Foto: Wilder López)

Eran las niñas de nadie, pero la muerte le dolió a todos. Estaban ahí, porque la sociedad cierra sus ojos para atender a esos niños sin padres, sin escuela y sin hogar. Nadie les ofreció ayuda, nadie las defendió cuando sus padres las golpeaban. Nadie les ofreció educación para que no se formaran en la calle. Y los jueces simplemente se lavaron las manos y las enviaron al Hogar Seguro Virgen de la Asunción, donde murieron en un incendio, cuando protestaban contra las violaciones sexuales y otras condiciones que sufrían en ese centro.

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La rabia

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Que por qué me mordió un perro: eso quizá dé para otra historia, para que esta en particular no se haga muy larga. Lo que sí es cierto es que yo le pregunté al niño que aparentaba ser el dueño de uno de los dos perros que me correteaban, si estaban vacunados.

“Este, sí”, me dijo. “¿Y el otro?”, pregunté, porque más creía que era es can jiotoso el que había sido el responsable de hincarme sus colmillos sobre mi camote derecho. “Ahhhhh”, dijo, con cara de preocupación. “Ese sí a saber”, concluyó.

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No, Barrondo no falló

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No, Barrondo no falló.

Erick Barrondo no falló. Falló la corrupción. Sí, esa corrupción que aún habiendo dinero, no lo envió a competir a Rusia o China y a las competencias importantes. Se conformaron con enviarlo a un par de competencias, donde no estaban los mejores.

Su lugar 50 solo nos demuestra la grandeza de su medalla de plata de hace 4 años y de lo difícil que fue para él conseguirla.

Según la Constitución, se destina el 1.5% del Presupuesto anual de la nación para el deporte. El 0.75% para el deporte federado. No, y eso no obliga a los atletas a traer una medalla olímpica o a la selección de fútbol a ir al Mundial. Sería como exigirle a la Usac ganar cada año un Premio Nobel solo por recibir dinero público.

El aporte constitucional al deporte significa que como país estamos orgullosos de financiar un modo de vida: el deporte. Y en vez de quitarlo, deberíamos pensar en financiar también a artistas o a científicos y a todas esas profesiones a las que se les dificulta conseguir financiamiento.

Ningún otro país de Latinoamérica recibe esa ayuda estatal y Guatemala se adelanta al continente en este modelo social.

Hace 4 años Barrondo ganó una medalla a pesar de todo y gracias a muy poco. Y para seguir ese modelo de ayuda social él no necesita demostrarle nada a nadie. Al contrario él no le debe nada a nadie. Ni siquiera a quienes que lo critican desde la comodidad de su smartphone.

Si alguien quiere criticar en la vía correcta debe enfocarse en la corrupción de los dirigentes deportivos, que se llenan las bolsas con el dinero que debería ir a los deportistas profesionales, a esos que entrenan con el estómago vacío y que van a las competencias utilizando un bus del servicio colectivo y que ven desde la televisión las grandes competencias a los que no van, por descuido de los dirigentes.

No, Barrondo no falló; al contrario, debemos estar dispuestos a seguir financiando un modelo social a través del deporte para que haya más atletas siendo felices haciendo lo que les gusta. Aunque no ganen una medalla olímpica.

No, Barrondo no falló. Ni Ana Sofía ni Kevin ni ninguno de esos atletas que son buenos en lo que hacen y llegaron con justicia al evento en donde solo llegan los mejores.